
Pues ya iba siendo hora de pisar la Feria del Libro de Madrid como autor. Pero no creáis que los autores lo pasamos bien a la hora de ir a las ferias. En ocasiones, los que estamos empezando, nos vemos envueltos en una espiral de casuísticas que tenemos que sortear de la mejor manera posible.
No creo que sea culpa de las librerías que montan las casetas; es evidente que tienen que hacer cuentas y solventar el gran gasto que supone la feria del libro, que se de buena tinta que no es barato, pero esto crea un malestar en los autores pequeños, que quedan relegados por las grandes figuras o los que empiezan a ser grandes.
Mi firma fue el domingo 11 de Junio y obviando la presencia de Javier Castillo y Ana Obregón que opacaron todo lo que había en la feria, me vi obligado a adelantar una hora la firma. ¿Por qué? Un autor más prolífico y que vendía más, quería firmar a esa hora.
Al principio me molestó, pero después entendí que los favores siempre son favores y estar de prestado en una caseta que tiene otros intereses le es complicado compaginar sus propias funciones con la de otros autores que intentan hacerse un hueco en el mundo editorial.
Al final hay que estar agradecido porque, aunque sea otra hora de la pactada, has estado expuesto a una correduría de gente que, por lo menos, han visto tu cara y tu libro. También a aquellos que han dejado un hueco en la feria del libro, con las dificultades de estar quitándole espacio, y a la editorial, que con esfuerzo, ha intentado que los autores estén en la feria del libro de Madrid.
Reflexionar es un ejercicio que hay que hacer de vez en cuando y entender todos los puntos de vista. Algo me ha enseñado Tel·lúric y es que puedes pensar que estás en el bando bueno y defender la mayor injusticia sin que te des cuenta. Por lo qué, no emitas juicios precipitados y aunque todos tenemos derecho a la queja y la pataleta, después hay que ser consecuente.
Hay que imbuirse de los buenos momentos y recordar esas personas que te compraron el libro sin conocerte de nada y esas visitas de amigos que venían ilusionados a que le firmaras el libro. Con eso me quedo, con las sonrisas y con la grandeza de una feria que me dejó boquiabierto.
Los libros interesan.
Lee, lo que quieras, pero lee.
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