FRAGMENTO TEL·LÚRIC «ARCANOS DE AKASHIA» PARTE I – ASERCIÓN

PREFACIO

REVELACIÓN

·1·

La historia habla de los héroes, de aquellos que consiguieron batirse en duelo con hordas de enemigos y aun así salir victoriosos. De esos mismos que una vez fueron simples mortales y consiguieron transformar su recuerdo en inmortal. Guerreros que observaron a la muerte, exhibiendo con orgullo su sesgo mientras enfrentaban con valentía su desmedido poder.
La guerra no engrandece a nadie; la guerra transforma en monstruos a los fuertes y destruye el ánima de los débiles.
Siempre bajo un lema, a las órdenes de un superior que asegura poseer la verdad ante un vaivén de falsas sospechas e ideales políticos.
El héroe es una herramienta de causa, el orgullo de una época de odio, muerte y destrucción que cedió al bando defensor de aquel ideal, quizás incorrecto.


Tristán caminaba con lentitud por un mar de cadáveres desmembrados, irreconocibles partes que se distribuían por el suelo embarrado teñido de rojo escarlata. Solo algunos pedazos se reconocían; brazos que aún conservaban el brazal de Telurio intacto, torsos que se adherían con dificultad a los miembros, y se retorcían en figuras imposibles mostrando con horror la roja carne desgarrada junto a los blancos huesos destrozados, piernas disueltas que formaban un puzle imposible de componer y cabezas, algunas reconocibles, otras anónimas.

El resultado de aquella gesta había dejado miles de muertos de su bando y ninguno del contrario. Tristán lamentaba tanta muestra de muerte, aunque las lágrimas no caían por sus mejillas y ningún remordimiento atormentaba su alma. Esto es lo que había conseguido la guerra, este era el reflejo de toda aquella destrucción; la impasibilidad.
El guerrero mostraba con porte su extraña armadura, destacada entre tanta suciedad y sangre. Blanca y brillante, con extrañas formas orgánicas que se adaptaban asombrosamente a su cuerpo y solo dejaban al descubierto la testa.
Una larga trenza castaña caía por su espalda, ondeando a cada paso, y descubría el símbolo de los Eites grabado en su capa: Un triángulo atravesado por una línea ondulante.

Oteaba de manera incesante con preocupación. Sus ojos verdes brillaban como dos luciérnagas en una cueva oscura, y era de admirar semejante característica de la raza Gojem, a los que también llamaban «ojos brillantes».
Sus narinas se contraían y dilataban con el hedor de la sangre, arrugando la curvada nariz para evitar el olor de la muerte.
Tristán carecía de la belleza característica de los nobles Eites, su rostro era anguloso, sus pómulos demasiado marcados, las cejas en exceso pobladas y su labios apenas existentes. Aunque algo en él era atrayente, lo inapreciable a los ojos mortales, aquello de lo que carecían muchos y mal llamaban carisma. Tristán era un líder.


 Ante la masacre se alzaba el peñón rocoso que formaba el Corredor de las Corrientes, un lugar angosto que daba paso a una majestuosa construcción, el Puente de los Custodios, que yacía destruido por el incesable asedio sufrido por la guerra. Dos grandes columnas de piedra se adosaban a la masa rocosa, cinceladas del mismo bloque pétreo del que se componía el peñón y rematado en un arco apuntado esculpido con imágenes de la creación del mundo conocido. De la arcada partían innumerables cables de metal que se tensaban hasta desembocar en enormes contrafuertes en forma de aguijones que rompían el cielo, perdiendo sus puntas entre las nubes. Más adelante el puente se quebraba mostrando un vacío que se extendía varias leguas, los cables que debían anclarse al siguiente contrafuerte caían laxos formando una trenza sin orden. Atravesar aquel puente era imposible.
Al otro lado se divisaba el bosque de Arsán, que daba comienzo al Gojemenek, las tierras de los Gojem. La otra parte del puente descansaba sobre un montículo de tierra que desembocaba en un camino empedrado. Esa porción era irreconocible y se asemejaba más a un montón de rocas informes, que a una construcción meditada.


—¡Señor! —balbuceó casi sin aliento un joven soldado que corría hacia la posición donde se encontraba Tristán.
Aquel muchacho, de ojos también verdes brillantes, tropezaba con innumerables obstáculos del terreno y golpeaba sin querer cadáveres que se encontraban en su camino.
Tristán miró de reojo al Gojem que se acercaba una vez se situó en una posición cercana, pero no invasiva, detuvo sus pasos y se irguió.
—Soldado, ¿tu nombre? —dijo Tristán.
El joven se mostró confuso, otorgándose unos cuantos segundos antes de contestar.
—Mi nombre es Orso, señor.
—Orso… —Tristán hizo un gesto con la mano para que prosiguiera, y continuara desvelando su apellido.
El joven cerró los ojos molesto.
—Orso Briom, señor. —Su entonación fue decayendo hasta convertirse casi en un susurro.
—Ya veo, un Briom entre mis filas. ¿Qué pensaría tu padre si viera que portas la armadura de Telurio manchada de barro, joven Orso?
El soldado se miró con impaciencia viendo que Tristán llevaba razón.
—Creo que no estaría muy orgulloso, señor.
—No, no lo estaría. Un heredero al trono Eite no puede mostrar debilidad en el campo de batalla. El rasgo más significativo de poder y liderazgo es la pulcritud. Nunca olvides que un Gojem y su armadura son dos almas unidas, debes ser uno con ella, joven Adepto.


Una brisa procedente del Corredor de las Corrientes hizo ondear la capa de Tristán, que dibujó un arco perfecto, volviendo a deshacerse hasta regresar a su posición natural.
Orso miraba al suelo, manteniendo la postura protocolaria que un soldado de su rango debía mostrar hacia el General de la Cúpula. La situación se convirtió en incómoda y el silencio se alargó más de lo debido.
El joven heredero era digno de la nobleza Eite, su rostro era cuadrado con ojos enmarcados y nariz proporcionada. Mostraba una belleza pura en sus líneas y, aunque su armadura estaba manchada, poseía un porte señorial que lo hacía destacar por encima de los demás.
—Orso, ¿tienes algo que decir? —La pregunta de Tristán hizo destensar el ambiente enrarecido.
—Tenemos al Jerarca de los Dips acorralado, señor —desveló el joven soldado a la impasible figura de Tristán.
—¿Dónde? —El General tensó cada músculo de su cuerpo al escuchar el nombre de aquel terrible enemigo.
—En la gruta a los pies del peñón que da acceso al puente, señor.
—Muy bien soldado, dile a tu escuadrón que puede retirarse. A partir de ahora yo me encargaré. —Tristán comenzó a moverse en dirección al peñón, donde el soldado había marcado la posición.
—Perdone, pero el Jerarca acabó con la vida de cien Adeptos sin recibir más que unos leves rasguños.
El General detuvo su paso.
—Orso, retiraos inmediatamente.
—Disculpe mi osadía, pero nuestra misión es protegerle. No podemos desobedecer órdenes directas de la Cúpula. —El muchacho agachó la cabeza y se tensó en espera de una reprimenda.

Todo pasó tan rápido que Orso solo pudo exhalar un débil gemido. Un chasquido retumbó en el invasivo silencio y una fuerza invisible, sin procedencia, atizó el pecho del joven propulsándolo a varios estadales de distancia, haciéndole golpear el suelo con fuerza.
Tristán permanecía inmóvil, aunque su capa se debatía en un incesante baile de direcciones imprevisibles que no terminaban, más tarde regresó la calma y el silencio tornó al desolado lugar.
—¿Qué pensaría tu padre al ver tu armadura destrozada, joven Orso? —indicó Tristán manteniendo la postura a espaldas del joven.
El soldado se percató que donde antes existía un peto, ahora se mostraba un agujero que dejaba al descubierto su pecho desnudo.
—Alguien como tú nunca conseguirá ser Rey. Ahora llévate tu vergüenza de este lugar y márchate. No quiero repetir más estas palabras, ¿entiendes?
Orso cabeceó en afirmación arrastrándose nervioso por el suelo hasta que consiguió ponerse en pie, para más tarde huir corriendo.
Mientras se alejaba sentía un dolor punzante en el pecho. Volver a casa con una armadura destrozada era una deshonra. Cualquier Eite preferiría morir a volver humillado con semejante estigma, pero Orso podría soportar aquella carga. Apreciaba demasiado su vida como para gastarla en bravatas de héroes o leyendas Gojems, algún día llegaría su momento.


El peñón era una agrupación de rocas de diferentes tamaños, que se adherían unas a otras formando surcos que dibujaban líneas rectas y ángulos diversos. El color grisáceo de las peñas se enfrentaba al musgo verdoso que se esforzaba en cubrir la superficie, venciéndola en las brechas. No existían salientes que permitieran su escalada y solo podía apreciarse una pared vertical que se alzaba mostrando su forma a varias leguas de distancia.
Tristán se detuvo ante las majestuosas basas de las columnas que daban arranque a los fustes de piedra, que facilitaban el acceso al puente. La grandeza de aquella obra arquitectónica hacía pequeño al General, tan menudo que su altura era ridícula comparada con el gran bloque de piedra que funcionaba como soporte del pilar.
 Aunque el cielo otorgaba luz suficiente, al colarse entre las nubes oscuras, aquella construcción arrojaba una sombra lóbrega convirtiendo en noche su alcance nebuloso, replicando las formas características de la gran entrada en el suelo, transfigurándolo en contornos negros que absorbían el color marrón y verde de la tierra.
A la izquierda de la entrada, junto a las formas pulidas de la basa, se revelaba un agujero en forma de arco catenario con bordes irregulares, tallados con brusquedad en la piedra del peñón. La gruta se adentraba en la roca y describía un pronunciado desvío hacia la izquierda, ocultando su destino a no mucha distancia del umbral.


Ahí está. El Jerarca nos espera.
Esas palabras tronaron en la mente de Tristán, aunque ya conocía que aquella criatura se había refugiado allí, no por el asedio de los Adeptos Gojems, sino para encontrarse con él en una posición que le fuera favorable.
—Es listo, sabe que nos veremos mermados en el interior de la gruta. —El General parecía mantener una conversación consigo mismo.
Que nos veamos mermados no quiere decir que tenga ventaja.
—Cierto, aunque un lugar cerrado incapacitará muchas de nuestras habilidades, Silván.
Aun así tendrá que pensarlo dos veces antes de atacar. Nuestra habilidad Eite no solo se resume en aprovechar el elemento aire, estamos muy por encima de sus capacidades.
—Siempre fuiste muy optimista. —Tristán sonrió con desgana.
 Confían en nosotros para terminar esta contienda.
—Para eso nos enviaron, por eso estamos aquí —relató el General antes de suspirar y cerrar los ojos con desidia.
Tristán mantenía una conversación con alguien, algo sin forma que estaba en su cabeza pero a su vez lo ayudaba. Aquel espíritu también le otorgaba poder. Silván era su Piel de Maestro, manifestada en la armadura de Oricalco.


Tristán se adentró en la gruta. Las paredes talladas mantenían con cierta homogeneidad la bóveda catenaria, aunque en ocasiones se deformaban por la dureza de las rocas que la conformaban. El suelo era una mezcla de tierra y guijarros que invadían todo lo visible, solo salvado por grandes peñascos que sobresalían por la superficie, en contraste con las huellas de los soldados que poco antes habían recorrido ese lugar.
Aquella galería desembocaba en una sala con columnas cuadradas toscamente labradas, que no mantenían la perpendicularidad con las paredes. La presión ejercida por el techo parecía hacerlas ceder, aunque mantenían estoicas su porte sin derrumbarse.
El techo era una mezcla de roca cincelada y ladrillos en hilera formando bóvedas de crucería, que funcionaban como nervios que descargaban presión sobre las columnas. En el pasillo central unos óculos esculpidos en el cruce de las cúpulas daban luz a la estancia, lo existente más allá de la primera fila, que delimitaba el centro, era una penumbra que dibujaba un degradado hasta la completa oscuridad, a escasos pies de la segunda hilera de fustes.
Era imposible vislumbrar hacia dónde se extendía la estancia a izquierda y a derecha pero, sin embargo, podía apreciarse el fondo gracias a los haces de luz que irrumpían por las aberturas del techo, asediando con más intensidad un altar adosado a un arco ciego que delimitaba el final de aquel templo.
Tristán avanzaba lento a través de aquella sala columnada, sin salir de la protección lumínica que le ofrecía el pasillo central. Una vez llegó al final, un par de escalones daban acceso a la hornacina donde estaba trazado un bloque de piedra brillante y perfectamente pulido. En su parte superior, una semiesfera formaba una cavidad que funcionaba como pila. Albergaba un líquido brillante que se mantenía calmo y ajeno a lo que sucedía fuera de aquellas paredes.  Extendió la mano hacia el fluido y sumergió los dedos, formando pequeñas ondas en la superficie que pronto retornaron, intentando unirse a los bordes metálicos que configuraban los nervios hundidos del guantelete de la armadura.
El color de la Piel de Maestro resplandeció con intensidad durante unos segundos al contactar con aquella acuosidad, y la armadura se estremeció alterando su forma para poco después volver a su estado anterior.


Es Oricalco líquido. Estamos en un antiguo templo dedicado a la Gran Madre.
—El Jerarca está jugando bien sus cartas. Conocía este lugar y sabía que le haría más poderoso. —Tristán sonrió con levedad mientras sacaba la mano de aquel fluido radiante. La armadura volvió a tomar su color blanco habitual.
No solo será más poderoso bajo los efectos del Oricalco líquido. Nosotros también incrementaremos considerablemente nuestras capacidades. Creo que el Jerarca ha cometido un error al traernos a este punto de energía telúrica.
—¿Qué importa, Silván? —cortó Tristán al relatar del Maestro—. Tenemos que cumplir la misión que nos encomendaron los Cuatro Reyes. Ya sea con ventaja o desventaja debemos acabar con esto.

Entre las penumbras, a su derecha, un fuerte impacto tambaleó la estancia haciendo caer cascotes pequeños de ladrillo y piedra. La nave central pareció oscilar al envite de aquella fuerza desconocida y varias columnas giraron sobre sí mismas para soportar la presión que ahora había cambiado.
En la opaca oscuridad podía apreciarse un negro más intenso, semejante a un agujero que absorbía las pequeñas motas de luz que lo circundaban. La negrura perfilaba una inmensa criatura que exhibía una enfermiza delgadez mantenida por cuatro patas anchas. Remataba el conjunto una fina cola que doblaba el tamaño del cuerpo. Su cruz rozaba el techo abovedado en las partes más bajas, arrancando trozos de los ladrillos que configuraban el arranque de las cúpulas como si fueran arcilla húmeda.
La altura de aquel ser triplicaba a la del Gojem.
—Veo que los Cuatro Reyes quieren jugar en serio. —Una voz desgarrada surgió de la figura negra que se escondía entre las sombras.
—¿Quizá esta guerra no ha sido un tema serio para ti? —inquirió Tristán a la figura.
La bestia pareció estremecerse a la pregunta del General y se tomó un tiempo para contestar.
—¿La guerra que vosotros comenzasteis? —Una risa grave rebotó en las paredes de aquel templo—. Osado Gojem, ¿te atreves a culparnos por vuestra avaricia?
—No hay avaricia en tomar lo que no es de nadie, en poseer lo que no tiene dueño.
—¿Lo que no tiene dueño?, ¿habéis olvidado las Sagradas Escrituras? —Un gruñido de molestia se unió al final de aquellas palabras.
—¿Ves aspecto de religioso en mí? ¡Observa Jerarca soy un guerrero! Las Sagradas Escrituras son para nuestros sacerdotes, en estos momentos estamos en guerra y como en todas las contiendas la religión deja paso a la política, y esta no entiende de supersticiones. —La boca de Tristán mostraba una delgada línea que pintaba preocupación en su rostro.
—¡Oh! Un guerrero sin palabra, sin remordimientos, sin ideales. Una perfecta causa para llevar a cabo planes podridos.
—Una causa para conseguir una victoria sobre unas criaturas oscuras, que solo causan dolor.
—¿Dolor? Hemos perdido cachorros inocentes, igual que vosotros habéis perdido los vuestros. Nosotros no queríamos esta guerra y fuimos obligados por vuestro incesante asedio. No te atrevas a hablar de dolor, no martirices al que empuña la daga. —La criatura se erizaba presa de la furia.

—Quien vive bajo la influencia de la oscuridad tarde o temprano acaba sucumbiendo al odio y la venganza. Eliminaros es una cuestión de prevención.
—Tristán ¿de verdad crees esas palabras o solo repites lo que balbucean tus superiores? —Una fila de dientes blancos asomó entre las fauces de la criatura pareciendo formar una sonrisa.
El General cerró los ojos apenado ante aquella afirmación de la criatura Dip. Él no creía en esa guerra, nunca estuvo a favor de dominar la isla central y se negaba a pensar que aquella raza supondría una amenaza futura.
Tel·lúric era una fuente inagotable de Telurio y la única manera de conseguir fuentes de Oricalco, a excepción de Tarsis. Estaba claro que la dominación de la isla era por motivos económicos. Condenar a los Dips era una manera de camuflar lo real, eliminando el único estorbo que les impedía controlar toda la extensión.
La avaricia por la supremacía les había llevado a la guerra, por la exclusividad del único recurso que les otorgaba más fuerza.
Las demás Razas Tetrasómicas se mantenían al margen, aunque Tristán conocía del inconformismo de algunas al plan Gojem. Someter la isla central les otorgaría demasiado poder y pronto serían una amenaza seria.
—¿Quizá importa Jerarca? Cuando eliges un bando no se cuestiona el ideal, solo se siguen las directrices que marca la mayoría —desveló Tristán a la pregunta envenenada del Dip.
—Los ideales que marca la Cúpula no son los intereses de tu pueblo. Esos Gojems desean enriquecerse a costa de la sangre de soldados como tú.
El Jerarca se desplazó hacia el pasillo central mientras las brechas lumínicas, que atravesaban la estancia, comenzaban a bañar a la criatura con lentitud.
—¿Piensas que tienes algún valor para ellos? —El pelaje, de un negro cenizo, se sacudía al paso de la criatura. La cabeza descubría un hocico grueso armado con unas poderosas mandíbulas que mostraban unos dientes del tamaño de puntas de lanza y formaban una alineación serrada que los hacía encajar con precisión.
—Eres su arma. —Las patas se remataban en unas poderosas garras que rasgaban la tierra creando surcos paralelos—. Algún día conseguirán todo esto y te desecharán como un juguete roto. —Varios coletazos se revolvían en movimientos circulares de izquierda a derecha—. Los débiles que adquieren poder ansían la servidumbre de los fuertes, aunque los temen. Una espada empuñada por el mango es eficaz pero asida por la hoja se convierte en una molestia.
Aunque la bestia parecía calmada, sus ojos, de pupilas rasgadas, mostraban cólera y las orejas puntiagudas, que sobresalían como saetas, se agitaban con rapidez.
—¿Cuándo entenderás que la servidumbre no está creada para los seres como tú?


La imponente figura del Jerarca se enfrentaba al débil contorno del Gojem. Aquella criatura superaba el tamaño de los Dips que Tristán había enfrentado, y la gran envergadura descubría la longevidad de su existencia, ya que para las Razas Monosómicas un rasgo distintivo de su edad era el tamaño.
 La extremada delgadez era característica de los Dips. Ágiles, veloces y con frecuencia gastaban toda su energía en esfuerzos que les hacían perder capacidad muscular. Dada su encarnizada lucha con los soldados Gojems, esta habría agotado sus últimas reservas de elemento con toda probabilidad.
Tristán cayó entonces en el plan del Jerarca por atraerle hasta allí. El Dip no buscaba hacerse más poderoso, sino poder recuperar gran parte del poder perdido en el enfrentamiento con el escuadrón enemigo, y enfrentar al General ofreciendo una digna resistencia.
Su objetivo no era acabar con la vida de Tristán, sabía que no tenía posibilidades en sus condiciones. Su estrategia era otra, el plan que había meditado para atraer al soldado debería tener otra finalidad, otro objetivo que Tristán no lograba entender en su totalidad.

—Quien sirve a un propósito con pleno convencimiento de causa no se convierte en siervo de sus ideales. Soy consciente de a quien sirvo y por qué lucho. Conozco cada lema de los Cuatro Reyes y las causas que les llevaron a no mostrar piedad hacia vosotros. Tus argumentos son aceptables y entiendo la súplica. Enfrentarse a la extinción debe ser algo muy duro y más aún cuando eres el responsable de la supervivencia de tu especie. —El Gojem meditaba la manera de ganar tiempo y así comprender si todo era una trampa o un acto desesperado de aferrarse a las últimas esperanzas.
—Ser el responsable de tus semejantes siempre es una tarea difícil, Tristán. Velar por la seguridad de aquellos que piensan que los salvarás se convierte en una pesada losa que merma poco a poco. No siempre se puede ser un héroe, no cuando el yugo siempre acecha. —El Dip agachó la cabeza desilusionado.
—Aun así sabes perfectamente por qué estoy aquí.
—Claro, conozco de sobra tus habilidades y lo provechosas que han sido para encontrarme. No pido piedad para mí, la pido para mi pueblo. Quiero que los Dips aún tengan esperanza.
—¿Estás pidiendo piedad, Jerarca? ¿Qué tipo de estratagema es esta?—Tristán cruzó los brazos cerrándose a las súplicas del Dip.
—Urnok. —La criatura miró con fijación al Gojem mientras se proyectaba su voz.
—¿Cómo? —Tristán no entendía qué significaba o que tendría que ver con lo que hablaban.
—Mi nombre es Urnok. En estos momentos veo legítimo mostrarme como individuo, sin ser responsable de nadie. Estamos hablando de la extinción de mi raza, creo que debemos dialogar como seres independientes.
—¿Qué intentas decirme? —El General empezaba a inquietarse por los planes confusos de Urnok. Sin duda, toda aquella intencionalidad amistosa encerraba algo que Tristán aún no alcanzaba a comprender.
—Quiero ofrecerte un trato.

FIN DE LA MUESTRA

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Mi experiencia editorial

Muchos pensaréis, sobre todo, los que estáis en espera de mandar una obra a editorial, ¿qué hacer?

Desgraciadamente no tengo la respuesta a esa pregunta, de hecho creo que nadie en su sano juicio sería capaz de arriesgarse a darla. El mundo editorial es un ente bastante complejo y, a su vez, deseoso de encontrar obras con cierto empaque y calidad para llevar a su catálogo.

Desde mi experiencia y sabiendo que los autores noveles, como es mi caso, no somos grandes escritores consagrados a los que les llueven las ofertas, ojalá fuera así, y no nos costara tanto llevar a término un proyecto que, en ocasiones, cuesta más que te escuchen que escribir la obra en sí, y ya es decir, hay que tener los pies sobre la tierra y aceptar la crítica.

Lo primero que debéis tener en cuenta, si queréis publicar una novela, poesía o cualquier otro género es buscar la editorial acorde a vuestro género. Existen multitud de editoriales que se dedican a un género específico y, por lo tanto, conoce bien la temática de tu obra para poder ofrecerla dentro de un sello editorial.

No caigas en el error que cometen muchos autores noveles: “no me gusta encasillarme en un género”, porque con eso espantarás a las editoriales. Si no pueden otorgarte un género no sabrán con qué cota de mercado compites y, por ello, no sabrán donde colocar tu obra.

Esto no quiere decir que solo escribas un género, sino que intentes, en la medida de lo posible, que tu obra tenga una etiqueta para poder ponerla en las librerías.

Lo segundo, tienes que saber bien quién eres y en que momento estás, eres un autor novel. Si quieres mandar tu obra a grandes editoriales; estás en todo tu derecho y hasta me parece bien, pero no pretendas tener una pronta respuesta o incluso una respuesta. Ten en cuenta que no te conoce ni Peter y, a no ser que un ángel divino te toque con su magnificencia, no apostaran por alguien desconocido.

Observa editoriales dispuestas a publicar autores noveles, con intereses en obras frescas y nuevas, donde pueda encajar tu perfil. Siempre pensando en tu género y sus editoriales afines.

Aquí hay varios tipos: co-edición o editorial al uso. Desaconsejo la co-edición, pero esto va en gustos y necesidades, sobre todo en la capacidad económica que tengas.

Para mí es muy importante disponer de un lector 0, que vaya leyendo la obra mientras se va construyendo y que te pueda dar las opiniones referentes al desarrollo de la historia. Otro caso, muy importante, es la corrección ortotipográfica y de estilo, la aconsejo al 100%, un gasto más que aconsejable. Los correctores, para mí, son imprescindibles. (Una vez seas consagrado y vendas millones de libros, esta corrección la hará la editorial).

He tenido la suerte, después de un proceso arduo y muchos rechazos, tampoco me he librado de las negativas hasta casi la saciedad. Para mi alegría, me llamaron por teléfono allá por noviembre del 2020, había interés en mi novela la editorial Autografía y quería publicarla. Como autor novel, no era aconsejable que mi primera obra fuera demasiado extensa, así que decidí dividir el libro en 3 partes, para que el grosor no fuera excesivo.

Aquí se emprendió un proceso por darle forma. En principio, tenía una inquietud: necesitaba una portada que se adecuara al género y, me dispuse, junto a mi editora a encontrar un ilustrador o ilustradora que me gustara y cuadrara.

Me di cuenta de que existe un mundo extenso alrededor de la ilustración para portada, aunque con suerte encontré una ilustradora magnífica que se quiso embarcar en el proyecto y realizarla.

Una vez solucionado, se empezó con el interior: mapa, tipografía, estructura del libro… que se llevó a cargo en la maquetación, con el que estoy encantado y no quiero extenderme porque aquí se entra en modos que duplicaría el artículo.

En resumen esta ha sido mi experiencia editorial. ¡Importante!, me tratan genial y siento ese trato cercano que te hace sentir cómodo, escuchan todas las peticiones y nunca te dicen que no… a no ser que sueltes una barbaridad.

¡Ojo! Hay gente que prefiere la autoedición. La cual también apoyo y hay motivos para hacer lo que quieras; todo tiene sus pros y contras.

Empezaremos en breve con la siguiente fase del proceso editorial, que contaré en otra entrada, cuando llegue el momento.

¡Nos vemos!

Juanjo Reinoso. 2021

Próxima preventa de “Tel·lúric: Arcanos de Akashia”

Estoy impaciente, sí. Un recorrido que comprende 6 años intensos de creación desemboca, en breve, con la publicación de mi primera novela. Es un momento muy especial.

No pensaba que este momento llegaría, comenzó como una meta personal por emprender algo que nunca me atreví a materializar y cuando decidí que era el momento de armarme de valor y rubricar las primeras líneas de la novela todo se me despendoló, creciendo en extensión y desembocando en lo que pronto se publicará.

El libro se encuentra en la última revisión, a día de hoy, 8 de marzo de 2021, y pronto se llevará a término para mandarlo a imprenta.

Os comento como irá el proceso de preventa, para los que no conozcáis este proceso.

Una vez lanzado a preventa, el libro estará en proceso de impresión, por lo que tardará unas 3 semanas en estar en físico. La preventa es una reserva del libro antes de salir al mercado y se hará en la página de la editorial, www.autografia.es. Es entonces cuando debéis pedirlo, el proceso es sencillo y no os llevará más de unos minutos, en la página todo viene muy bien explicado.

Esta reserva os facilita la entrega del libro en vuestro domicilio en el plazo estipulado, que son esas 3 semanas de fabricación. En esta oferta de lanzamiento la editorial hará unos descuentos de preventa, que suplirán los gastos de envío que se gestan por la empresa de paquetería encargada. Como veréis hay dos opciones, una normal y otra express, según la prisa que tengáis en tenerlo elegir una u otra. Aunque esto no acelerará el proceso de creación 😉

Si tenéis pensado comprarlo desde otro país, que no sea España, la página de la editorial os hará un replanteo del precio introduciendo vuestra dirección completa y os dirá cuál es el precio real de los costes de envío. Según la zona dónde residáis los precios pueden ser bastante elevados, sobre todo en el continente americano, que es donde tiene más posibilidades de llegar por los países de habla hispana.

La preventa estará unos cuarenta días aproximadamente y después se emprenderá la distribución de la novela.

La presentación aún está por definir, dadas las peculiaridades de esta pandemia que nos está haciendo tanto mal, la presencialidad está en entredicho. Ya se ha comunicado la cancelación de varios eventos donde quería estar y eso hace complicado hacer una presentación al uso. En principio, se tiene programada online, bajo la plataforma de Facebook Live de la Editorial, así que añadirla a vuestros contactos Editorial Autografía.

Si pudiera hacerse presencial la primera opción sería Barcelona, por ser la sede de la Editorial y poseer los espacios más adecuados para la presentación de una novela de fantasía, siempre a mi parecer. Aunque no temáis, aunque no se pueda hacer presencial, no me rendiré y en cuanto se pueda la llevaré a dónde sea.

Después de todo esto, se hará la inmersión en todos los catálogos posibles: Casa del Libro, Corte Inglés, Amazon…

Estará en catálogo online, en principio, de todas estas plataformas. En físico podrá estar si les interesa tener la novela entre sus estantes, aunque siempre recomiendo que compréis la novela en la PREVENTA, ya que os aseguráis de tener una primera edición. Y en el caso de Amazon, tienen sus propias imprentas donde, sobre todo, la calidad de la portada será muy inferior a la editada por Autografía.

Pero si no habéis podido adquirir vuestro ejemplar en la PREVENTA, podéis pedirlo en las plataformas que antes he mencionado, las tendrán en su catálogo y todas serán de altísima calidad, porque lo pedirán directamente a la editorial, menos, como he expuesto antes, en Amazon. Y si tenéis la suerte de residir en Barcelona, comprarla directamente a la Editorial.

Sin nada más que añadir, decir que me encantaría que leyerais esta novela de fantasía, con toques de épica, ciencia ficción fantástica y que se enmarca dentro del subgénero de Alta Fantasía. Espero estar a la altura de vuestras exigencias en este mundo tan complejo, que es la literatura fantástica, y que me hicierais saber vuestras apreciaciones sobre su historia, personajes y magia.

Encantado de compartir esta experiencia con todos vosotros y estoy a vuestra entera disposición.

Juanjo Reinoso. 2021

Tierra de nadie

Juanjo Reinoso, 2018

INTROITO 

 

SNVI: Lilith, por obra del destino vino a convertirse en la primera mujer: esposa de Adán antes que Eva.

SNSVI: Formados por la tierra primigenia. Dios creó al hombre, a su imagen y semejanza: varón y mujer.

SMNGLOF: Pero aunque esto los convertía en iguales, Adán nunca estuvo satisfecho con la situación y  exigía un estatus de subordinación.

LILITH: ¿Por qué he de acostarme debajo? Yo también fui hecha de la misma tierra, y por lo tanto soy tu igual.

SNVI: Los lamentos de Lilith no fueron escuchados y decidió pronunciar lo impronunciable.

SNVI, SNSVI, SMGLOF: El nombre completo de Dios.

SNSVI: Huyó del Edén convirtiéndose en un demonio nocturno.

SNVI: A orillas del mar Rojo se entregó a la lujuria.

SMNGLOF: Dando origen a los Lilim.

SNVI: En las extensas praderas donde los gatos salvajes se unieron a las hienas y los sátiros tocan el Aulós; allí es donde reposa Lilith.

SNSVI: Confunde a los ángeles destructores, los espíritus bastardos, los demonios y todos aquellos que golpean de manera súbita para desviar su entendimiento y desolar sus corazones.

SMNGLOF: Mientras el cielo aún decide su castigo.

SNVI, SNSVI, SMGLOF:  Nosotros somos los encargados de traerla de vuelta.

 

 

En escena dos sillas a izquierda y derecha.

La silla de la derecha está cubierta con una tela blanca invadiendo casi todo a su alrededor, se extiende en las alturas hasta crear un vano a varios metros por detrás, otorgando una verticalidad que lo asemeja a las catedrales góticas.

La silla de la izquierda se cubre con una tela granate intensa, desgastada y raída. A diferencia de la blanca esta no se alza en las alturas y crea un pasillo a ras de suelo que se extiende un par de metros por detrás.

En el centro un montículo de tierra que media entre la silla de la izquierda y la de la derecha.

Por la entrada de la izquierda, la marcada por la tela granate, aparece una mujer de mediana edad, alta, delgada, pelirroja y de piel blanquecina. Lleva un camisón gris que le cubre hasta las rodillas y deja los brazos al descubierto.

Se sitúa encima del montículo de tierra y parece experimentar una sensación de placer.

 

LILITH: Recuerdo las praderas verdes donde solías llevarme cuando éramos jóvenes. No he vuelto a ver tierras tan puras como las de aquellos prados. (Juguetea con la tierra llevándola de una mano a otra).

Me repetías que yo sería la única, lo repetiste tantas veces que acabé creyendo que las tormentas que empezaban a estallar eran simples temores infundados por los que no debía preocuparme. (Pausa y sonríe) Fueron años bonitos.

(Se sienta sobre la tierra y comienza a cubrirse con ella) Nunca supiste que es la pureza. Algo tan bello como la tierra nunca debía ser contaminado, existe para dar vida y tú solo pretendías infectarla con la injuria y el poder.

La tierra ofrece el sustento, la parte vital para comenzar el ciclo. Tenías que cuidarla, amarla y respetarla, ¿y qué hiciste? Someterla con la palabra, aplastarla con la petulancia, fecundarla con la podredumbre… Fuiste un miserable. (Restriega la tierra por sus pechos y por su cara) Yo te quería.

Pero nunca te culpé. Te quise por lo que eras, porque nuestra verdad era distinta: se componía de soledad, resignación, aceptación  y (pausa) ahí estabas, día… noche… esperándome… con la mano extendida, sin esperar nada a cambio (se sienta sobre la silla cubierta de tela blanca). Nunca podría culparte. (Acaricia la tela en un movimiento lento y suave) Pero lo hice.

Se levanta de un salto de la silla y comienza a limpiar todo su cuerpo con las manos.

¡Lo hice! Porque aunque pareciera un cuento de hadas tú nunca quisiste comprender, ¡Nunca! Pensabas que todo giraba alrededor tuyo, que eras merecedor de la sumisión y sin embargo, yo… ¿yo?, era un desecho impuro, indigno, vacuo. Que equivocado estuviste, que ceguera… ¿Qué te hacía creer que estabas por encima de mí?

(Agarra la silla cubierta con la tela granate y coloca su pierna en el asiento)  Nunca te gusté, porque era demasiado atrevida para ti… te creaba demasiados problemas y solo querías estar tranquilo en tu trono.

 

El vano que funciona como puerta de la derecha se ilumina de repente, dándole un aspecto divino, angelical. Lilith se percata y corre hacia el montón de tierra.

 

¿Por qué me llamas? ¿No tuviste suficiente con desterrarme al olvido? Parece que no recuerdas el dolor y el sufrimiento que me hiciste pasar. Me condenaste a una muerte segura… pero sobreviví. Creías que el abandono me haría volver, pero encontré el amor en brazos de otros hombres. Ellos no me pedían nada a cambio, solo ser yo… y me querían por ello.

Viví y disfruté con tantos como pude, fecundando este cuerpo renegado del cariño que tú nunca supiste dar y no me arrepiento, lo volvería a hacer miles de veces.

Pero me sigues llamando, como la cría de ballena reclama a la madre en las profundidades del mar, esperando la respuesta en la inmensidad sin saber si ha sido abandonada o es un juego macabro de supervivencia.

Yo te quise (acaricia la tela blanca de la silla recostándose a los pies) Recuerdo tu cuerpo cálido abrazarme, me hacías sentir protegida. Me gustaba como coqueteaban tus dedos con los rizos de mi pelo y creerme mujer; con halagos, besos … Todo podía haber sido perfecto.

Cuando Lilith se percata que está siendo invadida por la tela blanca se deshace de ella con rapidez arrastrándose por el suelo hasta salir de su alcance.

¿Perfecto? Nunca lo fue. No hay perfección en la imposición y fuiste el mayor inquisidor que juzgó mis debilidades, sabiendo que nací con ellas… es miserable aprovechar las carencias para imponer una dictadura.

(Abraza la tela granate) Estoy repleta de odio y mi única cura es olvidarte, pero no puedo. Te aseguraste bien de marcarme a fuego e intentar destruirme por dentro para ser la perfecta compañía. ¡Te odio! ¿Qué me hiciste? (Llora)

De nuevo otra luz marca, desde otro ángulo, la entrada blanca que ahora luce más briosa y pura. Lilith la ve, se levanta lentamente y va hacia ella, deteniéndose cuando sus pies se topan con la tierra.

Querías que fuera algo que desconozco. No nací para ser una sombra de mí misma, llegué a este mundo para presenciar el universo con tu misma mirada, a la misma altura y con los mismos deseos. No soy menos, nunca lo fui.

Creíste que tu fuerza te posicionaba en un pódium y que el derecho a la réplica era una cualidad exclusiva de tu narcisismo, pero estas manos tienen cinco dedos como las tuyas, estos pies y mi rostro… no somos diferentes.

La belleza se encuentra en aquellos hechos que concluimos designar como el acto más puro… para algunos puede ser la mayor fealdad que el mundo destina, para otros, la manifestación más corpórea de un milagro.

(Lilith se sitúa detrás de la silla de tela blanca y agarra con firmeza el respaldar) Tú fuiste mi milagro, esculpido con las manos divinas que dieron vida al universo. Nadie cuestionó tu supremacía, por ello creíste que no existía nada que estuviera por encima y te equivocaste… (pausa) Te equivocaste.

Sale de la zona de tela blanca, esta vez más decidida y sin esfuerzo. Anda con lentitud pasando la tierra y topándose con la tela granate. Se reviste con ella ocultando todo su cuerpo menos la cabeza y se sienta en la silla de la izquierda.

El odio me alimenta. De él me valgo para seguir cada día con la esperanza de verte desaparecer, a ti y a los tuyos. Borrar de la faz de la tierra todo recuerdo de tu existencia, dejar los prados libres de tu pestilencia y fecundidad. Desprenderme de este lodo cancerígeno que nos une y … descansar.

Empezar a vivir sin el miedo a ser reclamada como el trofeo más digno de una cacería. Nunca comprenderás como me hiciste sentir.

 

Una última luz enfoca la puerta divina, esta vez el haz recalca el pasillo, dejando lo demás a oscuras. Lilith sigue envuelta en la tela granate, se desprende de ella y alza la mano intentando alcanzar la entrada iluminada, aunque está anclada en su posición.

 

Me gustaban aquellas praderas verdes donde me llevabas cuando eramos jóvenes. (Recoge un puñado de tierra y lo deja caer simulando un reloj de arena)  Nunca volveré a ver tierras tan puras como las de aquellos prados.

Lilith comienza un camino hacía la entrada de la izquierda, cuando está justo en el vano se vuelve para observar por última vez la puerta iluminada.

Yo te quise.

 

Sale por el vano de la izquierda.

El sueño de Tut

Juanjo Reinoso, 2010.

I

El crepúsculo abrazaba la superficie de la tierra, mientras el manto luminiscente otorgado por el sol empezaba a desaparecer dando paso a una neblina grisácea y poderosa. Las estrellas, como piedras, aparecían en un cielo perezoso y las colinas coqueteaban con neblinas venenosas. Las formas alargadas les hacían parecer una extensión difusa de una antorcha azotada por un vendaval y eran escoltadas por líneas profundas que dividían su contorno en partes simétricas que se desprendían y volvían a adherirse en un movimiento ondulante. Las brillosas manifestaciones del cielo caído se mantenían en grupos de tres, conservando una pasmosa simetría que dibujaba una malla luminiscente de puntos construyendo una bóveda sobre todo lo visible. Algunos árboles parecieran desprender fuegos fatuos a causa del color rojizo y negro del sendero marcado por el sol. Las cuatro esquinas de la Tierra estaban rojas. 

Masas se agolpaban en vías marcadas, brillantes como estelas de plata. El hedor a confusión diluviaba entre aquellos amasijos de formas, la oscuridad estallaba en todos los rincones del horizonte. Resina goteaba desde el cielo bañando una tierra pestilente; a miedo e ira.


Tut despertó, mientras los rayos matutinos bañaban la columnata lotiforme; parte central de los aposentos. Su respiración entrecortada dejó escapar un silbido, poco después se incorporó junto a la cama en posición sedente. Su vista volaba a través de la abertura acortinada, admirando el Gran Río y la mayor parte de la ciudad de Uaset. Sus dedos acariciaban la delicada tela de su Schenti, única prenda que vestía, sintiendo los pliegues marcados con el rozar de sus yemas.                

Unos pasos se oyeron a través de los muros, su destino era sin duda la habitación de Tut, se detuvieron cerca de la entrada, como si algo impidiera el paso a la columnada sala. Pasaron pocos segundos cuando retomaron su crepitar habitual y una sombra apareció tras los cortinajes translucidos.                

—Hemet Nise Ueret. —Su eco tomó el aposento como un galopar de caballos.                

Con gesto de aprobación el visitante dio media vuelta y desapareció. Tut incorporó su esbelto cuerpo, semejante a un papiro a punto de quebrarse, acarició su cabeza rapada y avanzó hasta el pie de una columna, marcando sus dedos en grabados ceremoniales de coronación, centrándose en el Sejemty, la tiara unificadora del reino. Examinó cada rincón del curioso símbolo leyendo lo que precedía, poco después encarnó una sonrisa desaprobadora.          

El asombro de Tut se manifestó al girarse: dos sombras en la entrada, tras el gran cortinal, esperaban.                

—Hemet Nise Ueret, mi señor. —La silueta exclamó la misma frase, giró sus brazos a la imagen contigua e inclinándose desapareció en la oscuridad de fondo.

—Ank, hoy de nuevo mis sueños me turban —sinceró Tut a la imagen.                

—Tus sueños pronto dejarán de atormentarte joven esposo, la presión del reino y este largo ajuste te agota —contestó apareciendo a la vista de Tut. Una belleza descontrolada brillaba en el rostro de Ank, su tocado negro caía apenas rozando sus hombros y el fondo oscuro de los párpados resaltaba el color turquesa de sus ojos, semejante a una joya de lapislázuli. Un Kalasiri adornaba su silueta, ceñido como una segunda piel de fino lino, explotando aún más su atractivo natural.                

—Necesitas un descanso Tut, puedes desahogar tus responsabilidades en otras personas igualmente cualificadas. Mi abuelo Ay demostró ser un gran administrador en el periodo de vuelta a Uaset desde Akhetaten —desveló con tono preocupante Ank.                

—No son de mi agrado las formas de tu abuelo, es un ser ansioso de poder. Al igual que Horemheb, que por suerte tengo ocupado en la guerra con los Hititas —sentenció.                

Ank no mostró algún asombro a la respuesta de Tut, el saber de sus pensamientos y el parecido físico y divino del padre de ambos devolvió una sonrisa a su rostro.                

—Somos hijos de Aj —rio Tut.

II

La muchedumbre se agolpaba ante una basta construcción de piedra caliza policromada. Las robustas columnas recaían en bases redondas y sus capiteles, en forma de palma, sustentaban un dintel tallado. Un balcón coronaba tan grandioso escenario y desde la pequeñez humana varias formas se asomaban a la inmensidad de Uaset. Tut apoyó su mano en la roca y vislumbró la multitud que invadía los huecos de edificios colindantes. Palpó a Uraeus mientras deslizaba su mano por el Nemes que coronaba, acto seguido la colocó sobre el Horst anclado a sus hombros y agarró la placa dorada del collar pectoral.

Su cuerpo corvado se incorporó de manera casi mágica, sus extremidades pronto tomaron robustez y cruzó los brazos dejando ver a Nejej y Neka. La mancha negruzca empezó a gritar encadenando frases de admiración a su Dios hecho hombre.


El nerviosismo se evidenciaba en Ay, llevando sus pasos hacia la figura musculosa de su hijo Minjat. Frunciendo el entrecejo marchó por el vano lateral hacia un largo pasillo.                

—¿Cuánto más aguantaremos esta farsa? —preguntó Ay sin cruzar miradas. Minjat escuchó, daba su aprobación con gestos serenos. Su cuerpo eclipsaba al de su padre.




III


Los surcos de la Tierra galopaban la superficie como vendavales, rompiendo las rocas en una espuma incandescente. Grandes meteoritos amasaban la superficie, destrozando las esferas luminiscentes en avanzadilla. La corteza marrón se quebraba al paso del grande azul, acunando un baile de vaivenes deformes. Cuerpos mutilados se agolpaban por doquier, los vivientes tornaban su piel brillante y su rostro salvaje: orejas puntiagudas y hocico alargado. Las bestias descargaban su furia sobre formas acuosas que surgían de las profundidades azuladas invadiendo la masa terrestre, explotando hasta convertir su corporeidad en vapor de agua.La lucha se manifestaba en cada rincón visible; engullendo toda construcción bajo la acuosidad de la violencia desgastadora y abriendo sus fauces eliminaba rocas, arcillas, plantas, árboles y cualquier forma que estuviera a su paso.               

El aire viciado reflejaba las luciérnagas que escupe el cielo, atrayendo el día en la noche. Un dios redondo de brillo solear lanza miles de brazos al devastado lugar, abrazando a los supervivientes.               

De nuevo la noche; sólo existe oleaje.



Un grito retumbó en la habitación. Tut secó su frente con la palma de la mano. Saltó del catre corriendo hacia un cofre perdido en el rincón; al abrirlo apareció una tablilla tallada con la imagen de Aten: Un sol con miles de brazos acariciando a los creyentes.                 Recordaba que pertenecía a su padre, siendo el único recuerdo que pudo conservar del traslado de Akhetaten. A los pies de Aten, en talla serena, Aj y su séquito lo admiraban, mientras un largo texto advertía:


«Oh, grandes padres, que después de haber sembrado frutos escogidos sobre una tierra árida e inculta nos habéis abandonado, como flores sin rocío. Guardianes de una tierra en crecimiento, llegue hasta vosotros este canto de espera y dolor. Las mieses ya están maduras, los árboles han crecido produciendo en abundancia. Nuestro deber ha terminado. Los hijos de nuestros hijos, nacidos en el surco de una tierra extranjera, olvidaron vuestra promesa, pero nosotros, fruto de la sabiduría llegada del cielo, no hemos borrado de la mente vuestro rostro y cada día y noche que esta tierra concede, escrutamos atentos las nubes esperando veros volver sobre carros de fuego, a recoger lo que habéis dejado».



IV


Anana, el escriba, ordenaba papiros en estantes cercanos, sus hábiles manos apuntaban en orden la información que sustraía de una pila a su izquierda. El Per Anj reunía toda la información de Uaset extendiéndose en hilera hacia el sur. Unos de los edificios más valiosos de la ciudad. Un halo de luz cortó la oscuridad del pasillo central y el viejo pretendía distinguir, entornando los ojos, la figura alargada que se aproximaba.

Anana llevó su huesuda mano a la frente, pretendiendo tapar la luz inexistente; fue en vano, ya que no pudo distinguir nada hasta tenerlo a pocos pasos.


—Saludos, viejo Anana —adelantó Tut. El viejo no mostró interés, agachó la cabeza siguiendo su labor diaria.

—¿Cuál es el motivo de la visita de nuestro rey? —prosiguió pasando papiros a un cubo alargado.                

—He soñado con el único Dios de mi padre —desveló Tut mostrando una firmeza hierática. Anana levantó una de sus cejas, encorvó la espalda y paralizó sus manos

—A los ojos de los hombres, Dios tiene muchos rostros y cada uno jura ver el único y verdadero, pero se engaña pues todos esos rostros son el de Dios.

El rey temblaba, sucumbía a la confusión de su existencia y no resistía la incógnita de sus sueños. Pareciera que Tut buscara alguna pregunta con sentido.

—¿Qué son estos sueños?

—El hombre revive varias veces, pero sin saber nada de sus vidas pasadas, salvo, en un sueño, cuando el pensamiento le transporta hacia un acontecimiento de una encarnación precedente. Pero lo ignora, no sabe dónde ni cómo se produjo, solo experimenta una sensación familiar —respondió el anciano a la inquietud de Tut.                

El joven monarca dejó caer su peso en el estante donde Anana apilaba decenas de papiros, apartó con la mano un bloque de ellos cruzando la vista con el escriba.

—¿Es mi vida pasada?

—Los hombres no viven solo una vez para desaparecer. Viven varias vidas en lugares distintos y entre cada una existe un velo de tinieblas. —Anana volvió a colocar el bloque de papiros tapando al rey.                

Tut disimulaba la quietud protocolaria de su rango, pero de poco servía su experiencia hacia el hombre más sabio del Per Anj.

—¿Qué vida pasada atormenta mis noches y este sin vivir? —sollozó Tut inmerso en dudas.                

Anana apartó con trabajo un grupo de escritos unidos a un cordel, contaba el número y murmuraba hasta completar la decena.

—Las almas de una encarnación, tal vez se encuentren en otra encarnación y será como su fueran atraídos por su amante, sin que podamos comprender el porqué. —El viejo avanzó acercándose a Tut, tan cerca que podía oír los latidos del escriba. Contempló la estela traslúcida que cubrían sus ojos hasta poder leer su mirada—. Cuando llegue tu fin, todas las puertas se abrirán y podrás contemplar las salas por donde han pasado nuestros pies desde el comienzo del mundo.




V


La noche reinaba en cada rincón de palacio, las habitaciones se mostraban desnudas y decenas de cofres se agolpaban en el vano principal de salida; la sensación de abandono era evidente. Decenas de sirvientes se apresuraban a cargar todas las pertenencias del rey, llevando hacia el exterior todo equipaje apilado.                

Tut apoyaba su hombro contra el muro mientras observaba el baile de idas y venidas. Jugueteaba con varias piedras, pasándolas de una mano a otra.


Minjat invadió, junto a Ay, la tranquilidad de Tut, mostrándose como coloso ante el monarca.

—Minjat, eclipsas la visión de tu rey, agradecería mostraras más respeto hacia el que puede mandar cortar tu cabeza —amenazó Tut hacía la robustez del soldado.                

Ay se iluminó dejando atrás la oscuridad proyectada por Minjat, rezumaba enfado en cada ángulo de su mirar y enrojecía al tono altanero de Tut.

—Intuía la locura de Aj en ti, pero nunca pensé que heredarías la estupidez de Kiya.

—No pretendas estar en posesión de la verdad. No sirve de nada tu labor administrativa antes de mi llegada, ya que sucumbiste al poder de los sacerdotes de Amón llevando de nuevo a Egipto a la mentira.                

—Estas pensando volver a Akhetaten y es mi deber advertir que demasiados intereses nos atan a Uaset. —Ay petrificó su postura ante Tut, esperando las disculpas del rey.                

—¿Qué intereses Ay, los tuyos quizás? Conozco bien tus aspiraciones —profetizó Tut ante la asombrada pose del antiguo administrador. Ay clavó sus ojos en los de Minjat pasando la mano por el hombro de su hijo, dio media vuelta y con pequeños pasos desapareció en la neblina de palacio.


—Soldado, puedes volver sobre los pasos de tu padre y dejar mi calma intacta. No tientes a la suerte, ¡márchate! —ordenó Tut a la imagen esculpida de Minjat. El soldado pareciera ser de piedra, ningún movimiento podía observarse en la calma de la habitación vacía.

Los sirvientes desaparecieron y la noche olía a incógnita. Tut no dejaba de observar el descaro de Minjat y tiró las piedras al cuerpo del guerrero; no provocaron ningún daño a la figura colosal que cada vez se hacía más fuerte. Un puñal brilló en la oscuridad reflejando la figura redonda de la luna. Minjat agarró el cuello de Tut alzando su cuerpo en el aire, poco después insertó el arma en la parte interior de su muslo izquierdo.                

Un escalofrío recorrió cada rincón del monarca, el tiempo transcurría lento y solo observaba la imagen borrosa de Minjat antes de desvanecerse.

                El Gran Río serpenteaba en la llanura verde que precedía al horizonte eterno del desierto. Un sol próximo dejo caer sus rayos; de ellos nacieron manos. La tranquilidad del verdor fue invadida por las formas humanas, al nacer de la luz.Una nueva tierra olía a esperanza, mostrando el fruto de la vida en un páramo muerto.Las llanuras despobladas eran familiares, dibujaban cada recodo de los límites de Akhetaten.

Proceso Creativo de: Tel·lúric, Arcanos de Akashia

Portada provisional del libro

Pensé que nunca llegaría, incluso que el tiempo sería una pesada losa que acabaría con las posibilidades y me relegaría al más infame olvido. Como siempre, soy un exagerado y las situaciones no son tan adversas como imaginaba en un inicio. Esta forma de pensar, heredada de la negatividad de la escuela de la vida, en ocasiones, no es la mejor consejera.

Al fin y al cabo somos esclavos de la duda.

Aunque Tel·lúric Arcanos de Akashia pronto verá la luz bajo el sello editorial de Autografía. Son buenos momentos para la literatura.

Empiezo este blog, página, o lo que sea este WordPress, con la intención de hacer llegar a aquellos que lo deseen mis opiniones y mis experiencias.

En esta ocasión hablaré del proceso creativo de Tel·lúric, una odisea que empezó allá por el 2014 y que aún recuerdo con cierta cercanía. Aunque con seriedad tomó forma a partir del 2017, cuando entendí que la documentación bibliográfica debía llegar a su fin o me consumiría como un niño que sorbe una gelatina preso del ansia más primigenia por llenar su pequeño cuerpo con aquella sustancia viscosa pero sabrosa.

Sí, fue una proceso de documentación demasiado farragoso, que me llevaba repetidamente a callejones sin salida e intricados caminos a los que no podía dar ninguna solución. Quería ser fiel a lo que contaba, hacer algo extraordinario que pudieran disfrutar muchos y erré. Pensé que lo enrevesado era la mejor solución y me armé de infinidad de escritos, gráficos y esquemas que se me planteaban complicados explicar. Así que comenzó lo que yo llamo: «Desecho investigativo del proceso de construcción de la historia bajo las pautas de la psicología de Mermel». No, es broma, en realidad mandé al «carajo» más de la mitad de la documentación.

¿Por qué? Sencillo. Escribir Alta Fantasía conlleva un sin fin de explicaciones para entender el mundo que estás creando, si a esa peculiaridad añades más complejidad, la historia se convierte en una infumable sucesión de explicaciones intentando dar sentido a un mundo que tampoco aporta demasiado a la historia.

¿Por qué crear un sistema de semanas distinto al nuestro y tener que explicar al lector tu nueva fórmula de entender que tu semana tiene 5 días en vez de 7? ¿Por qué intentar crear movimientos de planetas que den un nuevo sistema de años y procurar explicar el porqué de ese proceso? No lo hagáis, lo hice y fue un trabajo que solo me añadía páginas sin ningún interés narrativo. Así que centré mis esfuerzos en la historia.

Con esto no quiero decir que no lo hagáis, crear entornos nuevos es necesario, pero que tampoco se os vaya la olla.

Tel·lúric vuelca gran parte de su contenido narrativo en los personajes. Sin duda, las personalidades, sentimientos y pre-historias de sus protagonistas crean el eje que otorga el interés a la historia. ¿Y qué sucedía con esto? Era bastante complejo como para complicarlo más.

Debía centrar mis esfuerzos en formar un sistema de telaraña que uniera a los personajes mediante un hilo conductor común, que los intercomunicaran y tomaran sentido a partir del desencadenamiento de un hecho en concreto o varios a la vez. Para mí ya un trabajo agotador.

Venir del teatro y ser un escritor habitual de la escritura dramática me ayudó en este proceso, utilizar las herramientas que tienes a tu alcance es la manera más inteligente de cerciorarte que las cosas funcionan. No intentes crear de primeras algo que no dominas, ensaya primero, observa tus errores y después intenta pulirlos. Escribe con cierta seguridad, aunque se cometan algunos fallos.

¿En qué basé la novela? ¡Agarraos qué va! Gran parte de mi inquietud era hacer llegar a todo el mundo la mitología hispánica, con sus seres, leyendas y peculiaridades, en gran medida están reflejadas en la historia. Por supuesto la alquimia, la magia y un sistema estamental político difuso, confuso y corrupto, ¿os suena? Me encantan los tonos grises, nada es tan puro como el blanco y tan oscuro como el negro. En definitiva, crear una verdad en un mundo fantástico.

Sin más, creo que queda bastante resumido el proceso que llevé a cabo para realizar la novela. Si tenéis algún interés en conocer otros rasgos más significativos del proceso de escritura o construcción de la historia, hacédmelo saber.