¿Cómo crear un personaje?
Esa es la constante pregunta que me realizan personas que comienzan a adentrarse en el camino de la narrativa. ¿Soy un experto en la creación de personajes? Diría que no, pero la formación que llevo a las espaldas (ya pasa de los veinte años), me ha hecho codearme con infinidad de personajes y personalidades diversas. El teatro es un arma poderosa para perfeccionar este arte.
¿Qué es lo más importante a la hora de crear una personaje? Lo primero es que lo tengas muy claro, puedes guiarte por personas que ya conozcas, puedes crear una ficha de personajes con sus características principales, puedes crear toda una prehistoria de personalidad (sin duda esta la más completa y compleja) o puedes guiarte por los doce arquetipos de personalidad de Jung, entre otras…
Cada pauta te servirá para un tipo de personaje: principal o secundario. Tendemos a perfeccionar la personalidad de nuestros protagonistas hasta formar una red compleja de carácter, aunque no siempre es necesario. Cuando estamos ante novelas infantiles, es mejor guiarse por las personalidades arquetípicas y no complicar la trama con actos complejos. Al igual, que una novela adulta, necesita alicientes para que el lector se identifique o empatice con los personajes y eso requiere trabajar la personalidad de nuestros protagonistas. Pero ten en cuenta una cosa, siempre y sin excepción, todas sus acciones deben ser verosímiles, aunque existan dragones, hadas o un mundo con una gravedad invertida; una decisión sorpresiva y sin justificar te va a lastrar; ya no funciona la expresión «lo hizo un mago». Justifica bien todas sus acciones, porque el mínimo descuido puede crear rechazo y el abandono de la novela.
No existe una fórmula predeterminada y canónica de hacerlo. Siempre digo que si te funciona a ti, es correcta. Debes encontrar tu comodidad a la hora de formar personalidades: crea una lista de música de tu personaje protagónico, descríbelo con palabras conceptuales, resúmelo en una frase, crea tu propia ficha o compra una libreta solo para él o ella. En cualquier caso, siempre que te ayude y te sirva, lo estarás haciendo bien.
¿Cuándo un personaje es amado o es odiado? Esto que os voy a decir puede tener un poco de mito, pero es la verdad: lo deciden ellos. Me explico: si creas un personaje bueno es evidente que va a ser amado, por el contrario, formar un personaje malvado crea rechazo y aquí discrepo con todo el peso de la experiencia que he podido adquirir a lo largo de los años de profesión.
Por ejemplo: Frodo, el hobbit creado por Tolkien de la trilogía de «El señor de los anillos», es un personaje bueno y esa misma pulcritud, en ocasiones y para algunos lectores, crea rechazo, convirtiéndose en odiado por un sector amplio. Sin embargo, personajes como Jaime Lannister, de «Canción de Hielo y Fuego» de George R. Martin, tiene un efecto contrario.
No podemos controlar la opinión de los lectores, pero ahí radica el encanto de escribir y crear. No siempre las cosas son cómo pensamos y ese intercambio entre escritor y lector enriquece.
Cuando publiques tu primera obra, estate muy atento: el lector va a darte las claves de sí algo funciona o no. Aunque no te pierdas en la inmensidad de opiniones personales: detecta las apreciaciones comunes y esas, y solo esas, son las que tienes que perfeccionar.
Y sigue escribiendo: el mundo necesita más creadores, no tantos soldados.









