Juanjo Reinoso, 2010. I El crepúsculo abrazaba la superficie de la tierra, mientras el manto luminiscente otorgado por el sol empezaba a desaparecer dando paso a una neblina grisácea y poderosa. Las estrellas, como piedras, aparecían en un cielo perezoso y las colinas coqueteaban con neblinas venenosas. Las formas alargadas les hacían parecer una extensiónSigue leyendo «El sueño de Tut»
